por Italo Vignoli
Todas las publicaciones que hemos dedicado al formato OOXML -y muchas de las que le dedicaremos en el futuro- analizan por qué es un formato privativo a pesar de haber sido aprobado por la ISO como un estándar de formato abierto. Sin embargo, no abordan los motivos ni los detalles del proceso de estandarización.
Con esta publicación esperamos cubrir esa laguna. En ella resumimos los acontecimientos ocurridos entre la estandarización del formato ODF -un formato estándar y abierto- y el proceso de estandarización de OOXML, así como el propio proceso, que estuvo profundamente viciado en todos los aspectos, desde la metodología hasta el procedimiento.
Microsoft había comenzado a trabajar en un formato de documentos basado en XML alrededor del año 2000, con el objetivo de modernizar los obsoletos formatos DOC, XLS y PPT. Estos no eran más que una serialización -es decir, la escritura- del contenido de la memoria en el disco y, por tanto, ya no respondían a la evolución de Microsoft Office.
El objetivo ciertamente no era desarrollar un formato estándar. Entre otras razones, aún seguía resonando el memorando interno de Bill Gates: «Permitir que los documentos de Office se representen muy bien en los navegadores de otras personas es una de las cosas más destructivas que podríamos hacerle a la empresa; tenemos que asegurarnos de que los documentos de Office dependan de capacidades privativas» (versión ligeramente abreviada del memorando original).
Por consiguiente, durante el proceso de estandarización de ODF, Microsoft había declarado que no admitiría ese formato estándar porque no le convenía.
Sin embargo, a principios de 2006, la Mancomunidad de Massachusetts -uno de los estados históricos de la unión- anunció que adoptaría ODF para todos sus documentos públicos, de modo que estos no dependieran del software de un único proveedor.
La decisión provocó una reacción de Microsoft, que no podía tolerar que un estado de Estados Unidos adoptara un formato estándar y abierto desarrollado fuera de su control, y que beneficiaba a los usuarios en lugar de a sus intereses comerciales.
La historia del «estándar» ISO/IEC 29500
La batalla en torno al «estándar» ISO/IEC 29500 -la estandarización del formato Office Open XML de Microsoft por parte de ISO entre 2006 y 2008- es un ejemplo perfecto de un proceso de estandarización defectuoso.
No se trata de un caso excepcional, pero sí está ampliamente documentado y ofrece importantes motivos de reflexión para quienes siguen sosteniendo que OOXML es un estándar.
La historia comenzó en diciembre de 2006, cuando Ecma International -cuyo Comité Técnico 45, responsable del proyecto, estaba presidido entonces por dos empleados de Microsoft- presentó la especificación OOXML ante el Comité Técnico Conjunto ISO/IEC JTC 1 para que se adoptara como estándar internacional mediante el procedimiento «fast track», concebido para especificaciones ya probadas y consolidadas que solo necesitaran una ratificación administrativa.
La decisión de presentar una especificación de 6000 páginas -una de las más extensas que se habían presentado ante ISO- mediante un proceso pensado para documentos breves y bastante consolidados tuvo un efecto decisivo en el tipo de revisión al que se sometió el estándar.
En septiembre de 2007, los miembros de ISO rechazaron la propuesta, ya sea mediante votos en contra o por objeciones técnicas sustanciales a su aprobación. Brasil planteó más de sesenta objeciones técnicas relacionadas con el uso de formatos de fecha no estándar y la falta de una compatibilidad lingüística adecuada. India cuestionó la incompatibilidad con el estándar ISO ODF. Francia propuso dividir la especificación en un núcleo «limpio» y una capa de compatibilidad para los sistemas existentes. Noruega presentó doce observaciones técnicas específicas.
Estas preocupaciones no eran simples quejas: afectaban al fondo del asunto, es decir, a si las especificaciones del formato OOXML podían cumplir los requisitos fundamentales de un estándar internacional.
Problemas en los comités nacionales de estandarización
La votación fue seguida por apelaciones de numerosos organismos nacionales de estandarización. En muchos países, se documentaron ampliamente graves irregularidades en la composición y el funcionamiento de los comités técnicos nacionales.
En Portugal aparecieron nuevos miembros, la mayoría identificados como socios comerciales de Microsoft. En Italia, el número de integrantes pasó de 5 a más de 80 en apenas unos meses. Entre ellos había un bufete de abogados y una agencia de relaciones públicas que trabajaban para Microsoft en asuntos sin relación alguna con los formatos de documentos, además de varios socios comerciales de la empresa.
En Noruega, el presidente del comité renunció en señal de protesta.
Martin Bryan, coordinador del grupo de trabajo de ISO, declaró públicamente que la llegada masiva de esos nuevos miembros -cuyo único interés era acelerar la aprobación de OOXML- había provocado el fracaso de varias votaciones procedimentales importantes.
Microsoft envió una carta oficial al organismo nacional español en la que afirmaba que el Gobierno regional de Andalucía apoyaba OOXML. El Gobierno andaluz lo negó de inmediato y presentó una queja.
Como observadores interesados en el proceso y miembros de distintos organismos nacionales de estandarización, podemos añadir que todo esto surgió de la competencia directa entre Microsoft e IBM. En aquel momento, ambas empresas se concentraban exclusivamente en competir entre sí mediante su poder financiero e ignoraban por completo los intereses de los usuarios, una situación que hoy nos perjudica en todos los niveles.
Si las dos empresas hubieran dedicado la misma energía a desarrollar un formato estándar multiplataforma, partiendo de lo que ya se había aprobado -ODF- y mejorando sus aspectos menos desarrollados, en vez de llenar los comités de «amigos y allegados», hoy estaríamos en una situación muy distinta y no tendríamos que luchar por nuestra soberanía digital.
La reunión de resolución de la votación en Ginebra
En febrero de 2008 se convocó en Ginebra la Reunión de Resolución de la Votación (BRM, por sus siglas en inglés). Se esperaba que los representantes de los organismos nacionales examinaran miles de enmiendas propuestas a un documento de 6000 páginas en apenas una semana. Era un objetivo inalcanzable.
Varios organismos nacionales informaron que no habían podido examinar el texto definitivo sobre el que debían votar, porque no se les había entregado la versión final de la especificación. El coordinador de la BRM, el Dr. Alex Brown, declaró posteriormente que no haber puesto el texto final a disposición de los organismos nacionales durante el período de apelación había sido una irresponsabilidad.
El estándar se aprobó en abril de 2008, por un margen estrecho que apenas alcanzó el umbral requerido. Las apelaciones presentadas por Sudáfrica, Brasil, Venezuela, India y otros países por irregularidades en el procedimiento fueron rechazadas por el comité técnico de ISO. Un análisis posterior a la aprobación reveló que, durante la BRM, los empleados de Microsoft y sus «socios» superaban en número a los representantes de todas las demás organizaciones en una proporción aproximada de diez a uno.
El formato OOXML en la actualidad
Microsoft lanzó Office 2010 con una implementación no de la variante «Strict» aprobada por la norma ISO 29500, sino de la variante «Transitional» anterior, que ISO había rechazado en la votación de septiembre de 2007 por considerarla inadecuada para crear documentos nuevos. Alex Brown, el coordinador de la BRM que había supervisado la aprobación, acusó públicamente a Microsoft de actuar de mala fe.
La variante «Transitional» de OOXML es la que utilizan todos los usuarios de Microsoft Office y Microsoft 365, así como las versiones derivadas de ambas suites, como OnlyOffice, WPS Office y Euro-Office. La variante «Strict» ha desaparecido del debate y es la última -y más difícil de encontrar- opción en el menú de formatos.
Las responsabilidades de los organismos de estandarización
El caso del estándar ISO 29500 demuestra que los procesos de estandarización, por bien diseñados que estén, pueden ser manipulados por empresas con recursos y motivación suficientes.
Se abusó del procedimiento «fast track». Se manipuló la composición de los comités nacionales. Las reglas de procedimiento se interpretaron de manera favorable a quien presentó la propuesta. La enorme extensión de la especificación hizo prácticamente imposible que expertos independientes llevaran a cabo una revisión técnica genuina dentro del plazo disponible.
Después de la aprobación, se implementó una variante del estándar distinta de la que se había aprobado, sin que hubiera consecuencias. De hecho, podemos sostener legítimamente que el mercado recompensó las ventajas que la empresa obtuvo al incumplir el estándar, y que ninguna autoridad, en ningún nivel, la sancionó.
Las condiciones que permitieron que ISO 29500 evolucionara de esa manera -la concentración de recursos, la influencia decisiva de las estrategias y los objetivos comerciales, y la desigualdad de inversión entre las grandes y las pequeñas empresas- no se abordaron en la reforma del procedimiento «fast track» del JTC 1 posterior al escándalo de OOXML.
En teoría, los organismos de estandarización son árbitros neutrales: espacios donde distintos intereses negocian soluciones compartidas. En la práctica, su neutralidad siempre se pone en duda y nunca está garantizada.
Las empresas que más invierten en el proceso de estandarización -enviando más representantes a las reuniones, financiando las secretarías y disponiendo de recursos para comentar exhaustivamente cada borrador- son también las que más influencia ejercen en esos procesos.
Esto no significa que los organismos de estandarización estén sometidos a presiones o sean corruptos, pues la mayoría trabaja con un compromiso sincero con su misión.
Sin embargo, sí significa que las condiciones necesarias para elaborar buenos estándares no se dan por sí solas. Requieren la participación activa de diversos sectores -gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y comunidad académica- cuyos intereses no coinciden con los de las empresas comerciales, así como un conjunto de reglas que impida que una sola empresa domine el proceso.
Sobre todo, requieren que la comunidad de estandarización asuma seriamente los principios de reutilización, transparencia e interoperabilidad genuina, no como compromisos retóricos y superficiales que oculten estrategias comerciales concretas.
Artículo original (en inglés)
