LibreOffice para la educación: recuperar la soberanía digital

LibreOffice para la educación: recuperar la soberanía digital

por Italo Vignoli

Cada año, millones de estudiantes abren una computadora portátil e inician sesión en Microsoft 365 o Google Workspace, entregando su soberanía digital a las grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos. Los docentes usan editores basados en la nube para asignar tareas. Los administradores escolares gestionan documentos en formatos propietarios. Este ecosistema funciona con fluidez y aparentemente sin fricciones, pero casi nadie cuestiona el costo de esta normalización.

Costo que, lamentablemente, es bastante alto.

Un currículum invisible

Las escuelas no solo enseñan matemáticas e historia; también enseñan procesos mentales, como cómo investigar, pensar críticamente e interactuar con herramientas e instituciones. El software forma parte de este currículo invisible. Un estudiante que ha pasado años usando Microsoft Word o Google Docs como el modelo de “procesador de textos” o de “colaboración” no ha desarrollado habilidades neutrales y transferibles, sino que se ha convertido en un futuro cliente.

Esto no es una conspiración, sino la forma en que funcionan los mercados. Microsoft y Google ofrecen licencias con grandes descuentos —o incluso gratuitas— a instituciones educativas, sabiendo que la fidelidad a una marca formada en la infancia tiende a mantenerse en la vida adulta y en el mundo laboral. En términos comerciales, el descuento en la licencia es el costo de adquirir un nuevo cliente, que en la práctica las escuelas pagan a nombre del proveedor.

LibreOffice ofrece una alternativa a este enfoque, enseñando a los estudiantes a desarrollar una relación diferente con sus herramientas.

Privacidad y seguridad de los datos

LibreOffice es una suite ofimática libre para Windows, macOS y Linux, gestionada por la organización sin fines de lucro The Document Foundation y desarrollada por una comunidad global de colaboradores. Ofrece programas para procesamiento de textos, hojas de cálculo, presentaciones, bases de datos, dibujos y fórmulas matemáticas; en otras palabras, todas las funciones necesarias en un entorno escolar.

A diferencia de Microsoft 365 o Google Workspace, LibreOffice no requiere suscripción ni conexión a internet. Tampoco exige crear cuentas para menores ni envía datos a servidores remotos. Se instala y funciona localmente, por lo que los datos permanecen donde el usuario decide guardarlos.

Para las escuelas que operan en zonas con mala conectividad —una realidad más común de lo que se cree— esto no es un detalle menor, sino la diferencia entre una clase que funciona y una pantalla de carga congelada.

Para las escuelas preocupadas por la privacidad de los estudiantes, la diferencia es aún más importante. Microsoft 365 y Google Workspace recopilan datos de comportamiento y uso, y los términos de servicio que regulan la gestión, almacenamiento y uso de esos datos son opacos, complejos y susceptibles de cambiar.

LibreOffice no recopila ningún tipo de datos, ni de usuario ni operativos, ya que no requiere cuentas y no tiene telemetría activa por omisión. Por lo tanto, no hay datos que perder en caso de fallos o brechas de seguridad.

La lección de los estándares abiertos

LibreOffice se basa en el formato Open Document Format (ODF), un estándar ISO que ninguna empresa posee ni controla. Los documentos creados hoy en ODF podrán ser leídos por cualquier software compatible con ODF incluso dentro de 20 o 50 años. Esto no ocurre porque un proveedor decida mantener la compatibilidad, sino porque el estándar es público, documentado e independiente de intereses comerciales.

Esto es especialmente importante para las escuelas, que son servicios públicos financiados por la ciudadanía y responsables ante sus comunidades, no ante empresas privadas. Los documentos que producen —como programas educativos, evaluaciones, expedientes académicos y comunicaciones administrativas— pertenecen en cierta medida al ámbito público.

Encerrar esos documentos en un formato propietario controlado por una única empresa estadounidense crea una forma de dependencia digital incompatible con el compromiso de las instituciones educativas con la autonomía y el pensamiento crítico.

Enseñar a los estudiantes a crear y compartir documentos en formatos abiertos les muestra que la tecnología puede ser responsable y transparente, y que las herramientas que usan no tienen por qué ser “cajas negras” controladas por una empresa.

La posible lección de Linux

LibreOffice es la suite ofimática predeterminada en la mayoría de las distribuciones de Linux. Una escuela que adopta LibreOffice abre también la puerta al uso de Linux en sus computadoras.

Esto es importante por razones presupuestarias —Linux prolonga significativamente la vida útil de computadoras antiguas— pero también desde una perspectiva educativa.

Un ejemplo es la experiencia de las escuelas de la provincia italiana de Bolzano, que utilizan la distribución Linux FUSS (Free Upgrade for a Digitally Sustainable School). El 20 de abril de 2026 celebrará su vigésimo aniversario con un evento público dedicado a este proyecto.

Linux impulsa internet, grandes centros de investigación como CERN, los 50 supercomputadores más potentes del mundo, la mayoría de los teléfonos inteligentes y gran parte de la infraestructura informática empresarial con la que los estudiantes trabajarán en el futuro.

Los estudiantes que solo han utilizado Windows o Chromebooks no tienen conocimientos prácticos sobre cómo funcionan los sistemas operativos, cómo se instala y gestiona el software o cómo se estructura una infraestructura informática. En cambio, un estudiante que haya usado un sistema basado en Linux, incluso en un entorno escolar, tendrá al menos una comprensión básica de los fundamentos de la informática moderna.

No se trata de una postura ideológica sobre el software libre, sino de formar graduados que comprendan el mundo tecnológico en el que van a desenvolverse.

Los problemas del software propietario

Un estudiante que usa software propietario durante toda su educación puede absorber sin darse cuenta varias ideas equivocadas:

  • Que los documentos “viven en la nube” o en servidores ajenos como si fuera lo normal.
  • Que colaborar significa compartir acceso dentro del sistema de un proveedor.
  • Que el software es un servicio por suscripción que se paga mensualmente y cuyas funciones o precio pueden cambiar en cualquier momento.
  • Que la interfaz de una herramienta está definida únicamente por lo que una empresa decide construir.
  • Que el bloqueo en formatos propietarios es parte natural del sistema.

Toda esta información transmite dependencia y favorece los intereses comerciales de los proveedores a largo plazo, en lugar de la autonomía de los estudiantes.

En cambio, trabajar con LibreOffice enseña que el software puede ser libre en el sentido de libertad, no solo de precio; que los formatos de archivo pueden ser estándares públicos; que las comunidades de usuarios pueden ser la base del desarrollo de software; y que las herramientas digitales pueden ser transparentes, modificables e independientes de las estrategias comerciales de una sola empresa.

Análisis de los contraargumentos

“Los estudiantes deben aprender las herramientas que usarán en el trabajo.”
En teoría, este argumento tiene cierto mérito, pero en la práctica es inconsistente. Las habilidades conceptuales desarrolladas con Microsoft 365 —estructura de documentos, estilos, formato o fórmulas de hojas de cálculo— son transferibles a LibreOffice y viceversa. Lo importante es aprender los conceptos, no memorizar menús.

“Google Docs facilita la colaboración.”
Esto es cierto dentro del ecosistema de Google. LibreOffice, combinado con Nextcloud u otras soluciones similares, ofrece funciones comparables sin exponer los datos. El problema real suele ser la falta de personal técnico en las escuelas para configurarlo, lo que revela la necesidad de mejorar el soporte informático en la educación.

“LibreOffice es más difícil de usar.”
Para usuarios sin experiencia previa, las curvas de aprendizaje son comparables. La percepción de que Microsoft Office es “más fácil” suele deberse simplemente a la familiaridad previa.

Una propuesta concreta

La transición no debe ser brusca ni absoluta, ya que eso podría generar resistencia, especialmente entre los padres.

Las escuelas podrían comenzar con algunos pasos pequeños:

  • Adoptar ODF como formato estándar para todos los documentos, sin importar el software utilizado.
  • Introducir LibreOffice junto con herramientas propietarias para que los estudiantes conozcan ambos enfoques.
  • Migrar primero los procesos administrativos a LibreOffice para reducir costos de licencias y generar experiencia institucional.
  • Colaborar con comunidades locales de software libre para soporte técnico y capacitación.

Muchos sistemas educativos en Europa ya han aplicado estas medidas, total o parcialmente, y la experiencia muestra que la transición es viable y beneficiosa.

Conclusión

El dominio de Microsoft 365 y Google Workspace en las escuelas no se debe necesariamente a que sean superiores para la educación. Es más bien el resultado de estrategias comerciales eficaces, efectos de red e inercia institucional.

Las escuelas han aceptado esta situación sin analizar suficientemente sus costos a largo plazo en términos de datos de estudiantes, presupuestos públicos, soberanía digital y el tipo de ciudadanía digital que deberían fomentar.

LibreOffice ofrece un enfoque alternativo basado en estándares abiertos, responsabilidad pública e independencia de plataformas comerciales. Aunque no es perfecto, es una herramienta que las escuelas pueden realmente poseer y controlar.

Y eso vale mucho más que una suscripción con descuento o aparentemente gratuita.

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Colaboro de manera voluntaria con The Document Foundation desde el año 2011, me ocupo de mantener el sitio en español, de este blog y también de canalizar las consultas de usuarios a los canales apropiados. Soy, además, uno de los administradores del grupo hispano en Matrix (libreoffice_es:matrix.cuates.net) y en Telegram (https://t.me/libreoffice_es).
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