No existe una interfaz «mejor», sino la que mejor se adapta

No existe una interfaz «mejor», sino la que mejor se adapta

por Italo Vignoli

Se ha vuelto habitual describir la cinta de opciones de Microsoft 365 como la mejor interfaz de oficina disponible: la más cuidada visualmente y la más ergonómica de utilizar. La afirmación se repite con tanta frecuencia que tiende a aceptarse sin cuestionamientos. Sin embargo, merece ser examinada, porque en su interior hay una suposición que hace gran parte del trabajo sin que nos demos cuenta: la idea de que existe una única interfaz que pueda considerarse la mejor.

Un diseño competente, para un tipo de usuario

Empecemos reconociendo lo que es cierto. La cinta de opciones es un diseño competente. Fue creada para ayudar a los usuarios ocasionales o intermedios a descubrir funciones mediante la exploración, en lugar de tener que memorizarlas, y para ese tipo de usuario cumple bien su cometido. Decirlo no es una concesión hecha a regañadientes; sencillamente es cierto, y cualquier discusión honesta debería comenzar por ahí.

Pero «bien diseñada para un usuario determinado» no significa lo mismo que «mejor interfaz». Considerar que ambas cosas son equivalentes es donde el razonamiento comienza a fallar. Una interfaz optimizada para un perfil de usuario, por definición, resulta menos adecuada para otros: el usuario avanzado que trabaja principalmente con el teclado y no quiere perder espacio vertical en la pantalla; quien migra desde otra aplicación y arrastra veinte años de memoria muscular; la persona que depende de tecnologías de asistencia; o quien trabaja con una pantalla pequeña o de baja resolución. Un único diseño fijo no puede ser el mejor para todos ellos al mismo tiempo. Solo puede ser el mejor para algunos, a costa de los demás.

La ergonomía es una compensación, no un veredicto

Lo mismo se aplica a la afirmación sobre la ergonomía, aunque de forma aún más evidente, porque la ergonomía es algo que se puede medir, no simplemente afirmar. La investigación sobre la eficiencia de las interfaces coincide en un punto: el rendimiento de una interfaz depende de la tarea, de la frecuencia con la que se realiza y de la experiencia de quien la ejecuta. La facilidad para descubrir funciones y la velocidad de ejecución pura tienden a ir en direcciones opuestas. Una interfaz que facilita encontrar funciones a un usuario principiante rara vez es la que permite a un experto trabajar más rápido, y lo contrario también es cierto.

Por eso, la cinta de opciones implica una compensación. Consume espacio vertical de la pantalla y sacrifica cierto grado de velocidad para los usuarios expertos a cambio de facilitar la exploración a quienes utilizan las funciones con menor frecuencia. Es un acuerdo perfectamente razonable para las personas en cuyo beneficio se tomó esa decisión. Sin embargo, llamarlo «la mejor ergonomía» simplemente evita mencionar qué se sacrificó para conseguirla. En el diseño de interfaces no existen soluciones gratuitas; solo decisiones sobre quién asume el costo.

La verdadera pregunta: ¿quién decide?

Aquí llegamos al punto que realmente importa. Cuando un producto se distribuye con una única interfaz, toma la decisión ergonómica en nombre del usuario y se la quita de las manos. La compensación sigue existiendo; simplemente alguien más la ha resuelto una sola vez para todos.

LibreOffice adopta el camino contrario. Ofrece la disposición tradicional de menús y barras de herramientas, la interfaz con pestañas, la interfaz con pestañas compacta, la barra agrupada, una barra lateral y el modo de una sola barra de herramientas, y permite que cada usuario elija la opción que mejor se adapte a su forma de trabajar, a su hardware y a sus hábitos. Esto no es un sustituto de una «verdadera» cinta de opciones, ni una disculpa por no tener una. Es una respuesta más madura a la cuestión ergonómica por una razón sencilla: la única persona que puede valorar adecuadamente estas compensaciones es quien realmente está realizando la tarea. La posibilidad de elegir no es un premio de consolación. La posibilidad de elegir es el punto central.

Qué cambia en la versión 26.8 y qué no

LibreOffice 26.8 incorporará una interfaz con pestañas mejorada, es decir, la disposición más cercana en espíritu a la cinta de opciones. Conviene ser precisos respecto de lo que esto significa, porque es fácil interpretarlo de manera equivocada. La mejora amplía el abanico de buenas opciones; no lo reduce. No es, en absoluto, una admisión de que la interfaz basada en menús fuera deficiente, ni una señal de que vaya a desaparecer.

La interfaz tradicional de menús y barras de herramientas seguirá siendo una opción plenamente compatible y de primera categoría, y no será declarada obsoleta. Un ecosistema que incorpora opciones sin eliminar ninguna es exactamente lo contrario de uno que impone una única disposición y pide a todos que se adapten. Mejorar la interfaz con pestañas mientras se mantiene intacta la interfaz clásica no es una contradicción. Es toda la filosofía funcionando como se espera.

El mismo principio, un nivel más abajo

Este enfoque de la interfaz no es una peculiaridad aislada. Es el mismo principio que rige la manera en que LibreOffice aborda los formatos de documentos, y vale la pena establecer el paralelismo porque revela una forma coherente de pensar a quién debe servir el software.

LibreOffice adopta el estándar abierto OpenDocument Format como su formato nativo: el formato que lee y escribe de manera predeterminada, sin compromisos. Al mismo tiempo, continúa mejorando versión tras versión su compatibilidad con los formatos privativos, de modo que los usuarios que necesitan intercambiar archivos con otras personas reciben el mejor soporte que la tecnología permite. El estándar ocupa el primer lugar; el soporte de los formatos privativos viene después y sigue mejorando, porque eso es lo que necesitan los usuarios.

Si comparamos esto con el otro enfoque, el contraste es evidente. En ese modelo, el soporte del estándar abierto está presente, pero se mantiene deliberadamente limitado -limitado por decisión, no por capacidad- mientras que el formato privativo continúa siendo el predeterminado privilegiado. Un modelo considera el estándar abierto como la base y trabaja continuamente para atender al usuario en todos los formatos que encuentre. El otro trata el estándar como una casilla que hay que marcar y al usuario como alguien a quien hay que mantener en su sitio.

El patrón es el mismo en ambos casos. Por un lado, una herramienta que se adapta al usuario, tanto en su interfaz como en sus formatos. Por otro, un usuario al que se le pide que se adapte a la herramienta.

No existe una interfaz mejor; existe la que mejor se adapta. Y el software que ofrece más formas bien diseñadas de adaptarse, en lugar de imponer de antemano una única opción predeterminada, es el que se toma más en serio al usuario.

 

Artículo original (en inglés)

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Colaboro de manera voluntaria con The Document Foundation desde el año 2011, me ocupo de mantener el sitio en español, de este blog y también de canalizar las consultas de usuarios a los canales apropiados. Soy, además, uno de los administradores del grupo hispano en Matrix (libreoffice_es:matrix.cuates.net) y en Telegram (https://t.me/libreoffice_es).
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