por Italo Vignoli
Cuando los gobiernos y las organizaciones hablan de «soberanía digital», normalmente se refieren, en la práctica, a una cosa: la capacidad de elegir, controlar y, si es necesario, reemplazar el software del que dependen, sin tener que pedir permiso a un proveedor.
Suena sencillo. Rara vez lo es.
El software para documentos ocupa un lugar central en las operaciones de casi todas las organizaciones. Contratos, informes, presupuestos, documentos normativos, comunicaciones públicas: todo vive en archivos. Y durante décadas, el formato de esos archivos -y, por lo tanto, las herramientas necesarias para abrirlos, editarlos y compartirlos- ha estado controlado por una única entidad comercial. Eso no es soberanía. Es dependencia con una interfaz amigable.
LibreOffice Technology existe para hacer posible una soberanía genuina. No como una promesa ni como una declaración política, sino como una arquitectura técnica que elimina la dependencia desde su diseño.
Este artículo explica qué es realmente LibreOffice Technology, por qué es categóricamente diferente de una «alternativa gratuita a Microsoft Office» y por qué es la única plataforma abierta capaz de sustentar software plenamente compatible con las exigencias de la soberanía digital. También analiza lo que varios meses de implementaciones, decisiones de política pública y un debate muy público sobre qué significa realmente «soberano» han confirmado acerca de esta arquitectura desde que comenzamos a plantear este argumento.
Más allá de la aplicación: LibreOffice Technology como plataforma
La mayoría de las personas que conocen LibreOffice lo hacen como una aplicación: un procesador de textos, un editor de hojas de cálculo o una herramienta para presentaciones. Es una introducción razonable, pero deja de lado aquello que hace significativa a LibreOffice Technology.
LibreOffice Technology es la plataforma subyacente sobre la que se construye LibreOffice -y un número creciente de otros productos-. Es un marco de software modular y de código abierto para crear aplicaciones de documentos. Incluye motores de renderizado, filtros de importación y exportación para decenas de formatos de archivo, infraestructura de scripting, capas de accesibilidad e interfaces para integrarse con sistemas operativos, entornos de nube y plataformas de software empresariales.
Podemos pensarlo de manera similar al núcleo de un sistema operativo de propósito general: el núcleo en sí no es aquello con lo que los usuarios interactúan directamente, pero es lo que hace posible todo lo demás y lo que determina si el sistema es realmente abierto o simplemente parece serlo.
LibreOffice Technology está bajo la gobernanza de The Document Foundation (TDF), una fundación sin fines de lucro constituida bajo la legislación alemana. Su código fuente está disponible públicamente, su gobernanza es transparente y su desarrollo está a cargo de una comunidad global de colaboradores de decenas de países y organizaciones, entre ellas Collabora, allotropia, Red Hat y muchas otras.
Ninguna empresa individual la controla. Ninguna adquisición puede cambiar su licencia. Ninguna decisión de precios tomada por una junta directiva distante puede determinar si su organización podrá seguir utilizándola el próximo año.
Eso es lo que parece una plataforma para la soberanía digital.
Los estándares abiertos no son opcionales: el papel de ODF
La soberanía sobre el software carece de sentido si los datos tampoco son libres.
Un formato de documentos no es simplemente una especificación técnica. Es un compromiso respecto de quién podrá leer sus archivos dentro de diez años, qué herramientas podrán procesarlos hoy y si estará obligado a seguir el ciclo de actualizaciones de un determinado proveedor para mantener el acceso a su propia información.
LibreOffice Technology está construida alrededor de Open Document Format (ODF), un estándar internacional ISO/IEC (ISO/IEC 26300) desarrollado mediante un proceso abierto y con múltiples partes interesadas. ODF define cómo se almacenan textos, hojas de cálculo, presentaciones y otros tipos de documentos, de manera que cualquier aplicación que cumpla el estándar pueda leerlos y escribirlos, independientemente de quién la haya creado o de la plataforma sobre la que se ejecute.
Esto tiene consecuencias que son fáciles de subestimar. Cuando una administración pública almacena sus registros en ODF, no depende de ningún proveedor para acceder a ellos en el futuro. Cuando un hospital utiliza ODF para documentos de pacientes, puede cambiar de herramientas sin tener que migrar los datos. Cuando un ministerio publica un documento normativo en ODF, cualquier ciudadano que disponga de una aplicación compatible, en cualquier sistema operativo, puede abrirlo.
Compárese esto con formatos privativos que, a pesar de contar ocasionalmente con especificaciones publicadas, permanecen bajo el control efectivo de las empresas que los definieron. «Lo suficientemente abierto» no es lo mismo que abierto. A comienzos de este mes presentamos una primera versión de lo que diferencia ambos conceptos: una definición de trece criterios sobre lo que requiere un formato de documentos genuinamente abierto, desde una especificación pública y una implementación libre de regalías hasta una gobernanza independiente. Esa versión breve es solamente el punto de partida: nosotros desarrollamos este marco y actualmente estamos preparando una edición más completa y rigurosa que aplicará detalladamente los trece criterios a ODF, OOXML Strict y OOXML Transitional, respectivamente.
El compromiso de LibreOffice Technology con ODF no es una preferencia. Es un principio arquitectónico. La plataforma está diseñada partiendo de la premisa de que los datos pertenecen al usuario, no al software.
La plataforma sobre la que otros construyen
Uno de los indicadores más claros de que LibreOffice Technology es una verdadera plataforma -y no simplemente una aplicación independiente presentada como plataforma- es el ecosistema de productos construidos sobre ella.
Collabora Online, una solución de edición de documentos nativa de la nube implementada por empresas, gobiernos y proveedores de servicios en la nube de Europa y otras regiones, está construida sobre LibreOffice Technology. La fusión de Collabora con allotropia en 2025 -cuyo equipo de ingeniería aportó una sólida experiencia en WebAssembly y en aplicaciones verticales a la misma organización- es, en sí misma, un ejemplo de cómo el ecosistema se consolida y crece sin afectar la gobernanza de la plataforma subyacente.
Otros productos comerciales y comunitarios continúan desarrollándose activamente por organizaciones que han elegido LibreOffice Technology precisamente porque proporciona una base estable y abierta sobre la que pueden construir sin tener que obtener autorización ni pagar regalías a un intermediario.
Esta diversidad del ecosistema constituye, por sí misma, una forma de seguro para la soberanía. Si un proveedor deja de dar soporte a un producto construido sobre LibreOffice Technology, la plataforma continúa existiendo. Si un gobierno u organización desarrolla herramientas personalizadas sobre LibreOffice Technology, es propietario de esa inversión. Si cambia la comunidad de colaboradores, el código base permanece, bajo la licencia Mozilla Public License 2.0, que garantiza que nunca pueda convertirse en software privativo.
Una infraestructura digital soberana no es aquella construida sobre las promesas de un único proveedor. Es aquella construida sobre una plataforma que múltiples actores independientes desarrollan, mantienen y utilizan como base. LibreOffice Technology es esa plataforma.
El caso Euro-Office: por qué la compatibilidad no es soberanía
Ningún acontecimiento puso a prueba este argumento de manera más directa que la aparición de Euro-Office, la iniciativa de una coalición europea que surgió esta primavera bajo la bandera de la soberanía digital.
Nuestra primera reacción, cuando la iniciativa realizó su anuncio inicial, fue directa respecto de la arquitectura: una suite europea construida alrededor de la compatibilidad total con los formatos OOXML de Microsoft no elimina la dependencia; simplemente la traslada. El alojamiento pasa a Europa. El formato -y el proveedor que controla su evolución- no.
El anuncio formal previo de Euro-Office, realizado en junio, hizo avanzar la conversación. Se orientó mucho más hacia un compromiso con los estándares abiertos, y recibimos positivamente ese cambio, aunque corregimos un detalle que circulaba entonces en la prensa: LibreOffice, desarrollado bajo esta Fundación durante una década y media por una comunidad global -y sustancialmente europea-, nunca estuvo ausente del ámbito al que Euro-Office propone incorporarse. También señalamos claramente cuál es el único destino coherente con la soberanía que invoca la coalición: ODF como formato de documentos nativo, no simplemente como un formato compatible.
La diferencia no es un detalle técnico. Como explicamos en Un estándar solo de nombre, la versión de OOXML que todos los proveedores privativos distribuyen de forma predeterminada es la clase de conformidad Transitional, diseñada para preservar décadas de comportamientos heredados y no documentados de las versiones de Microsoft Office de los años noventa, y no la variante Strict, más limpia y que un implementador independiente podría realmente desarrollar.
Una suite ofimática que utiliza OOXML Transitional como formato de trabajo, por muy europeos que sean sus servidores, está construyéndose sobre una especificación que solamente un proveedor ha implementado completamente.
Lo que Euro-Office haga a continuación mostrará si la coalición da el paso definitivo desde un alojamiento soberano hacia un formato soberano.
Cuando la soberanía no es una abstracción: implementaciones reales
A veces la soberanía digital se presenta como si fuera una aspiración futura. Para un número creciente de organizaciones, ya es una realidad operativa, y este año produjo las evidencias más claras hasta ahora.
En marzo, el Ministerio Federal de Digitalización y Modernización del Estado de Alemania incorporó ODF, junto con PDF/UA, al Deutschland-Stack, el marco técnico que regirá la infraestructura digital en todos los niveles de la administración pública alemana. OOXML no fue incluido.
«Esto no es una recomendación ni una preferencia, es un mandato», afirmó en aquel momento Florian Effenberger, director ejecutivo de TDF. Como argumentamos en los días posteriores, es una decisión que el resto de Europa y todos los asesores de política digital deberían estudiar detenidamente.
Alemania no está sola.
El Ministerio de Defensa de Italia lleva varios años migrando bastante más de 100.000 estaciones de trabajo a LibreOffice mediante su programa LibreDifesa, reduciendo la dependencia del software de escritorio privativo y obteniendo un control directo sobre su infraestructura documental.
La Gendarmería Nacional francesa ha perseguido el mismo objetivo a una escala comparable durante dos décadas, trasladando la gran mayoría de su parque informático a software de código abierto como parte de una estrategia deliberada para reducir la dependencia de proveedores.
Y en agosto, en una entrevista de dos partes con el Bundesheer austríaco, escuchamos directamente al equipo que migró 16.000 estaciones de trabajo a LibreOffice. La decisión se remontaba a una revisión realizada en 2020 sobre qué garantías existían para ejecutar software de oficina completamente sin conexión a la nube.
La iniciativa de código abierto de larga duración de la Ciudad de Múnich, a pesar de su compleja historia política, sigue siendo el ejemplo más claro de que una infraestructura documental soberana es técnica y organizativamente posible a gran escala dentro de una gran administración pública.
Estos no son proyectos de prueba de concepto. Son implementaciones operativas en organizaciones para las cuales la capacidad de controlar su propia plataforma de software no constituye una preferencia ideológica, sino un requisito de seguridad y continuidad operativa.
También muestran algo importante: la pregunta ya no es si LibreOffice Technology puede soportar implementaciones soberanas a escala empresarial, ni si los gobiernos elegirán ODF cuando se les presente claramente la opción.
Alemania ya respondió ambas preguntas.
La cuestión ahora es qué tan rápido seguirá el resto de Europa.
Por qué importa más que nunca que «ningún proveedor pueda desconectarlo»
En 2011, Oracle donó el código base de OpenOffice.org a la Apache Software Foundation y prácticamente se retiró de su desarrollo. El producto que había sido la principal suite ofimática de código abierto quedó prácticamente estancado. El desarrollo se ralentizó, las versiones comenzaron a publicarse con poca frecuencia y la comunidad migró, en su mayoría, hacia LibreOffice, que había sido creado en 2010 precisamente para establecer una estructura de gobernanza más independiente.
Este episodio resulta ilustrativo.
Un producto puede ser de código abierto y, aun así, estar efectivamente controlado por un único actor corporativo. Cuando cambian las prioridades de ese actor, el producto sufre.
Gran parte de lo que hemos publicado este año ha intentado convertir ese riesgo en una cuestión estructural y no anecdótica.
La arquitectura invisible del bloqueo explica cómo la dependencia del formato de un documento se transforma en dependencia del motor de renderizado que lo muestra y, por debajo de este, de las fuentes que le dan su forma final: tres capas técnicas, cada una ocultando la que está debajo.
El calendario y la factura extiende el mismo argumento a dos capas que no son técnicas: la fecha límite de migración que establece un proveedor y el precio de suscripción que cobra.
Cinco capas, y todas tienen algo en común: una única ausencia. El usuario no tiene una salida.
The Document Foundation fue diseñada teniendo explícitamente en cuenta este riesgo. Los estatutos de TDF impiden que una única empresa o persona controle la fundación. Su modelo de gobernanza distribuye la toma de decisiones entre una junta elegida, una estructura de miembros y un comité directivo de ingeniería.
El código base de LibreOffice Technology no puede ser relicenciado, vendido ni restringido por una única parte.
Esto no es un accidente histórico. Es una decisión arquitectónica sobre la gobernanza, tan importante para la soberanía digital como cualquier especificación técnica.
Qué exige la soberanía a una plataforma
La soberanía digital no es una condición binaria y tampoco equivale a autosuficiencia. Como argumentamos en julio, no consiste en poseerlo todo: ninguna institución, y mucho menos un continente, va a volver a implementar toda la pila informática desde el silicio hacia arriba. Se trata de garantizar que nada esencial pueda ser retirado. Cada organización lo ponderará de manera diferente, pero una plataforma que realmente permita alcanzar este objetivo debe cumplir varios criterios no negociables:
Código abierto con una licencia sólida. El código debe poder inspeccionarse, modificarse y redistribuirse. No basta con que esté disponible: debe poder ser auditado y bifurcado (fork) por cualquier entidad cualificada.
Estándares abiertos en la capa de datos. Los formatos de archivo deben estar gobernados por organismos de estandarización independientes, no por el proveedor de la plataforma.
Gobernanza independiente. Ninguna entidad comercial individual debería poder tomar decisiones -sobre licencias, precios, desarrollo de funcionalidades o dirección de la plataforma- que prevalezcan sobre los intereses de la comunidad más amplia de usuarios y colaboradores.
Una base activa y diversa de colaboradores. La soberanía requiere resiliencia. Una plataforma mantenida por una única empresa constituye un único punto de fallo.
Profundidad del ecosistema. La soberanía en la capa documental requiere que la plataforma sea capaz de soportar todo el espectro de necesidades documentales de una organización: no solo edición básica, sino también integración con sistemas empresariales, cumplimiento de requisitos de accesibilidad, soporte multilingüe y despliegue en la nube.
LibreOffice Technology cumple todos estos criterios. No conocemos otra plataforma de software documental que lo haga.
La soberanía comienza aquí: la historia hasta ahora
Cuando planteamos inicialmente este argumento, lo presentamos como el comienzo de una campaña. Varios meses después -con el debate sobre Euro-Office todavía plenamente vigente, el mandato del Deutschland-Stack de Alemania convertido ya en un hecho público y las propias directrices de CISA de Estados Unidos sobre la verificabilidad del código abierto alineadas claramente con el mismo argumento- tiene más sentido llamarlo por lo que se ha convertido: un caso continuo y basado en evidencias, no una propuesta aislada.
Si desea conocer la versión completa, los artículos anteriores desarrollan la mayor parte del argumento en detalle: qué significa realmente la soberanía digital y qué no significa; la arquitectura por capas del vendor lock-in y sus extensiones no técnicas; qué diferencia un formato verdaderamente abierto de uno que simplemente afirma serlo; el intercambio con Euro-Office en sus dos etapas; y, de manera más concreta, el propio relato del Bundesheer austríaco sobre por qué y cómo migró 16.000 equipos fuera de Microsoft Office. Junto con la decisión del Deutschland-Stack, constituyen las evidencias en las que se basa todo lo argumentado en este artículo.
No hemos terminado. Todavía hay fallos de interoperabilidad sobre los que no hemos escrito, nuevas implementaciones nacionales que documentar a medida que se produzcan y -con LibreOffice 26.8 previsto para el 26 de agosto- una plataforma que continúa dándonos nuevos elementos sobre los que informar. Estén atentos a lo que viene.
Si usted es periodista o analista especializado en soberanía digital, código abierto o tecnología del sector público, nos gustaría conversar. Si representa a una organización que está evaluando o utilizando LibreOffice Technology y desea compartir su experiencia, estaremos encantados de conversar. Puede ponerse en contacto con nuestro equipo de comunicación en media@documentfoundation.org.
La soberanía digital requiere una infraestructura que sea verdaderamente abierta. Esa infraestructura existe. Se llama LibreOffice Technology y, como han demostrado los meses transcurridos desde que escribimos por primera vez esa frase, aquí es realmente donde comienza la historia.
The Document Foundation es la organización sin fines de lucro detrás de LibreOffice. Es independiente, no comercial y está gobernada por su comunidad de miembros. LibreOffice Technology es la plataforma abierta sobre la que se construyen LibreOffice y un ecosistema creciente de aplicaciones documentales.
Etiquetas: soberanía digital, LibreOffice Technology, formato de documentos abierto, ODF, código abierto, The Document Foundation, TI del sector público, dependencia de proveedores, software documental, Euro-Office, Deutschland-Stack.
Lecturas adicionales en este blog
Los artículos que sustentan el argumento anterior, en el orden en que fueron publicados:
- Dear Europe: Germany has shown the way forward — marzo de 2026
- Euro-Office: sovereign in name only, or in reality too? — abril de 2026
- Un estándar solo de nombre: lo que OOXML Transitional nos revela sobre la soberanía de los formatos — junio de 2026
- Euro-Office, los estándares abiertos y el formato ODF nativo — junio de 2026
- La arquitectura invisible del bloqueo: la superposición de dependencias — junio de 2026
- Las capas de dependencia no técnicas: el Calendario y la Factura — julio de 2026
- ¿Qué es la soberanía digital? — julio de 2026
- La CISA publica una guía sobre seguridad del código abierto: la verificabilidad marca la diferencia — agosto de 2026
- Las características de un formato estándar de documento verdaderamente abierto — agosto de 2026
- Por qué y cómo el Ejército de Austria migró 16.000 computadoras a LibreOffice (Parte 1) — agosto de 2026
- Por qué y cómo el Ejército de Austria migró 16.000 computadoras a LibreOffice (Parte 2) — agosto de 2026
Recursos externos
- ISO/IEC 26300:2006 — Open Document Format for Office Applications: página oficial de ISO correspondiente al estándar ODF.
- Public Money? Public Code!: campaña de Free Software Foundation Europe para promover el código público como opción predeterminada para el software financiado con fondos públicos.
- European Interoperability Framework: directrices de la Comisión Europea sobre servicios digitales públicos interoperables.
- Deutschland-Stack: sitio oficial del Gobierno federal alemán sobre su programa de infraestructura digital soberana.
Artículo original (en inglés)
Ilustración: Sebastián Acosta Nieto (Colombia)
